Reseña: LONDOÑO BOTERO, Rocío. Juan de
la Cruz Varela. Sociedad y Política en la región
del Sumapaz (1902-1984), Universidad Nacional
de Colombia, Departamento de Historia, Bogotá,
2011, 739 p.

Steven Navarrete Cardona


Reconstruir una historia de vida es una tarea ardua y con un alto grado de dificultad frente a la cual el historiador se enfrenta a diversas problemáticas, entre ellas, no caer en la ilusión biográfica o en la realización de una apología, además de sortear la temporalidad dentro de la cual se encuentran inmersas las relaciones en las que el personaje es sujeto, ya sea acogiendo la temporalidad Braudeliana de la larga duración o la coyuntural al estilo marxista. La reconstrucción histórica de las trayectorias de vida no es un puro ejercicio de erudición, la realización de las mismas, tiene como propósito rescatar a los individuos de procesos macro-estructurales, con el propósito de comprender su complejidad histórica en una relación dialéctica entre el sujeto y el espacio regional (en este caso la región de Sumapaz), con base en una conceptualización de actor (en términos de Alain Touraine) o agente (en términos de Pierre Bourdieu).

Tras 28 años de arduo trabajo y de seguir pistas e indicios que no siempre fueron fructíferos, de alegrías individuales por encontrar nuevos datos, de soledades en grandes anaqueles , de horas interminables de viajes por trochas y caminos de herradura, de infinitas charlas con campesinos de la región, asesorada en su proceso de creación por investigadores de la talla de Eric Hobsbawm, Malcolm Deas, Gonzalo Sánchez y David Jiménez, Roció Londoño, entrega al lector no solo un compendio analítico sobre la vida Juan de La Cruz Varela, sino también una reconstrucción de los fenómenos socio-políticos que tuvieron lugar en la Región del Sumapaz entre los años 1902 y 1984.

El libro está divido en 4 partes organizadas de manera cronológica donde el eje discursivo será la vida de Varela, sin descuidar una revisión sobre la situación socio-política del país y sus efectos en la región, que es, sin duda, uno de los grandes aportes del libro. El primer capítulo titulado Colonos Boyacenses infancia y juventud de Juan de la Cruz Varela, hace una introspección sobre las primeras etapas de su vida, se indaga sobre las motivaciones de sus padres para trasladarse de la comarca de Ráquira a la Provincia de Sumapaz, la vida cotidiana en las haciendas en el Alto Sumapaz, las disputas por las tierras baldías en la colonias de Cabrera, sus primeros procesos educativos, su acérrima creencia en la Virgen del Carmen, y un análisis sobre el impacto que la lectura de la obra literaria los Miserables, de Víctor Hugo, tuvo en él.

Este último apartado es sin lugar a duda fascinante, ya que Londoño, examina cómo diversos apartados y personajes de la trama de la obra impactaron a Varela, como el rescate de Cosette, la antipatía por el inspector Javert, su identificación con Jean Valjean y su interés por algunos personajes de la vida pública francesa. El capítulo cierra con un análisis certero de la recepción de la obra de Víctor Hugo en Colombia, sobre los traductores, el impacto y las reacciones que generó, así presenta un balance explicativo del por qué se tenía preferencia sobre algunas de sus obras en la sociedad del siglo XIX y luego el posicionamiento de la obra los Miserables durante el siglo XX (p. 183).

El segundo capítulo del texto titulado La rebelión de los Agrarios (1929-1935), trae a colación la silueta de Erasmo Valencia, compañero de contiendas de Varela y de quien no se tenía mayor conocimiento. La autora a través de registros notariales, judiciales, testimonios y además, de algunas fuentes bibliográficas secundarias, logra construir un consistente relato biográfico de Valencia, que tiene énfasis (debido a sus fuentes) en sus asesoramientos jurídicos a los campesinos y a su acción coordinada con Jorge Eliecer Gaitán. Este esfuerzo biográfico es sin duda otro de los puntos clave para resaltar en el libro, que se complementa en el capítulo siguiente con la consulta del diario Claridad, en el cual aparecía el registro de la actividad política de Valencia. Este segundo capítulo además nos presenta de manera crítica algunas de los enfrentamientos más sonados en este periodo, entre ellos, los que se dieron entre colonos y arrendatarios en la vereda la Georgina, la disputa por las tierras del resguardo indígena de Pasca, la situación de los arrendatarios del Hato y de la primera hacienda cafetera de Fusagasugá, "el Chocho" (p. 263).

El tercer capítulo titulado Los agrarios en la política, como su nombre lo indica, trae consigo un análisis del impacto de la inclusión de la cuestión agraria en los programas de los gobiernos de la denominada "Republica liberal" en especial en el programa de La Revolución En Marcha de Alfonso López Pumarejo. También del nuevo rumbo que toman dichos conflictos, además de describir el campo político de la región del Sumapaz con la creación, auge y caída de la UNIR, sus disputas con el Liberalismo por controlar políticamente a Fusagasugá, el surgimiento del Partido Nacional Agrario y el reposicionamiento político definitivo del partido liberal en la región de Cundinamarca, tras el regreso de Gaitán a las filas del liberalismo (p. 326).

El cuarto capítulo titulado Guerras y Pactos de paz, es el más extenso del libro pues abarca la temporalidad que va desde el fatídico asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, hasta el 19 de diciembre de 1984 con el deceso de Juan de la Cruz, a partir del cual se desarrolla un nuevo ciclo de relaciones políticas en la región. Igualmente, se examinan diversos hechos socio-políticos como el asesinato de Gaitán y su impacto en la región, los cambios que la violencia política traerían para los campesinos, el golpe de estado de Rojas Pinilla, la suscripción de la declaración Benindorm que daría paso al Frente Nacional, las diversas fuerzas que le hicieron oposición a este y la participación de Varela como suplente de Alfonso López Michelsen en el MRL. El capítulo termina con un análisis sobre la confrontación entre los seguidores de Varela, y los del patriarca liberal Antonio Vargas, como resultado del reposicionamiento del partido liberal en el Sumapaz (p. 659). Por último, el texto trae un epílogo donde se muestra al lector las diversas formas de presentar la trayectoria de Varela, tras su muerte, por los diversos periódicos regionales y nacionales; además de un compendio de 24 imágenes cuidadosamente elegidas que ilustran en pleno los diversos escenarios y relatos que tomaron curso en el libro.

Otra dimensión a rescatar del libro es el trabajo en términos geográficos y didácticos, ya que la estructura de los 4 capítulos mencionados se le suman 9 mapas temáticos que se encargan de ilustrar espacialmente diversas temáticas contenidas narrativamente en el mismo, haciendo referencia a los principales centros religiosos de la región, la localización de las principales haciendas de Sumapaz, su dinámica demográfica, entre otras; además de un juicioso trabajo de edición que incluye un amplio y completo índice de lugares y nombres. El libro trae también un CD-ROM que contiene 57 páginas de anexos, que seguramente por motivos de diagramación y extensión del libro, no se incluyeron inicialmente, así como una versión digital. Los anexos (7 documentos en total) resaltan por la calidad de la información, entre ellos un cuadro sinóptico de documentos del Archivo del Ministerio de Gobierno entre los años (1957-1973), una radiografía completa de la adjudicación de los baldíos en Sumapaz entre 1827 y 1931, desagregada por municipios y por periodos. Y el compendio total de las estadísticas electorales de Sumapaz entre 1933 y 1974.

El libro de Roció Londoño está muy lejos de ser una apología o una hagiografía de la vida de Varela. Como en toda reconstrucción histórica la objetividad (entendiendo la misma como desligarse totalmente de los prejuicios) del investigador es imposible de lograr, así mismo lo reconocía Max Weber, quien le apostaba a la misma, como una pretensión con su metodología de la neutralidad valorativa1. Las motivaciones y pasiones del investigador están puestas en juego desde el momento en que se elige el tema y se inicia el proyecto de investigación. La connotación de objetividad tiene en la ciencia histórica contemporánea otro significado, no como se ha repetido hasta la saciedad en los manuales de positivismo, que consistía en deshacerse de los juicios de valor (que repito es imposible ), sino como bien lo planteaba Le Goff y otros historiadores de la escuela historiográfica francesa: la misma deviene con la intersubjetividad, es decir, con la puesta en escena de diversas perspectivas y miradas sobre un mismo hecho2, y sin duda, esto es lo que hace la autora con una búsqueda rigurosa de diversas fuentes, que contrasta una y otra vez sobre los apartados del libro, evadiendo las miradas concluyentes y unidimensionales.

Desde mi perspectiva, este libro es la investigación más brillante, rigurosa y completa que se ha hecho sobre la región del Sumapaz y la vida de Juan de la Cruz Varela, no solo porque su nivel de análisis se centra entre la relación de lo micro y lo macro, los gustos literarios, su comportamiento frente a las mujeres, sus prácticas, creencias religiosas y su relación con los fenómenos socio-políticos que tuvieron lugar en la región y el país, sino también por el esfuerzo de presentar al lector documentación nunca antes explorada, realizar reconstrucciones biográficas, su rigurosa revisión de prensa, su apuesta didáctica, su amplitud y rango de investigación, su uso y análisis de la literatura, anexos sumamente interesantes y su acertada forma de exposición que tiene lugar de manera cronológica mostrando la evolución del pensamiento de Varela de la mano de las relaciones de las cuales fue sujeto.


1 WEBER, Max, Ensayos sobre metodología sociológica, Buenos Aires, Amorrortu, 1993, p. 269.

2 Le GOFF, Jacques, Pensar la historia, modernidad, presente y progreso, Barcelona, Paidós, 2005, p. 33.


FECHA DE RECEPCIÓN: 26/12/2012
FECHA DE APROBACIÓN: 31/5/2013