Revista Médicas UIS Vol. 38 Núm. 2 (2025), pág. 25-33
https://doi.org/10.18273/revmed.v38n2-2025004
Artículo original
Prevalence and factors associated to urinary iodine deficit and excess in children under 11 in Colombia, 2015
Karen
Julieth Quintero-Díaz¹; Javier
Martínez-Torres¹
; Oscar Alexander
Gutiérrez-Lesmes¹
; Edwin Mauricio
Portilla-Portilla ²
; Andrés
Llanos-Redondo²
1. Universidad de los Llanos. Villavicencio, Colombia. Correo de correspondencia:
Karen.quintero.diaz@unillanos.edu.co
2. Universidad de Pamplona. Norte de Santander, Colombia.
Fecha de recibido: 11 de marzo de 2024 - Fecha de aceptado: 5 de mayo de 2025
ISSN: 0121-0319 | eISSN: 1794-5240
Resumen:
Introducción: las concentraciones adecuadas de yodo son necesarias para la producción normal de las hormonas tiroideas, el crecimiento físico y el neurodesarrollo en niños menores de once años. Sin embargo, sus niveles exhiben una dualidad nutricional, dado que tanto el déficit como el exceso conllevan efectos deletéreos. Objetivo: estimar la prevalencia de déficit y exceso de yodo en orina en niños colombianos menores de once años, y describir los factores asociados. Materiales y métodos: estudio analítico de diseño transversal, derivado de un análisis secundario de la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional de Colombia 2015, en el cual se estimaron los niveles de yodo urinario según variables sociodemográficas y económicas. Las asociaciones fueron establecidas con modelos de regresión logística multinomial multivariable. Resultados: la edad promedio fue de 6,19 años (DE 3,14) y el 48,2 % eran niñas. El 5,8 % de la población presentó déficit, mientras que el 70,1 % presentó exceso. Tener entre 0 y 5 años (OR: 1,29; IC95 %: 1,03-1,61) y ser hijo de indígena (OR: 1,92; IC95 %: 1,28-2,90) mostraron ser un factor de riesgo para déficit; por otro lado, ser hombre (OR: 1,16; IC95 %: 1,04-1,30), y que el jefe de hogar sea mujer (OR: 1,12; IC95 %: 1,01-1,26) mostraron asociación con el exceso de yodo. Conclusión: la prevalencia de déficit de yodo en niños colombianos es baja, mientras que la prevalencia del exceso es alta. Es importante desarrollar una normativa con el objetivo de prevenir los efectos deletéreos en la salud infantil.
Palabras clave: Deficiencia de Yodo; Exceso de Yodo; Yodo en Orina; Nutrición del Niño; Factores Socioeconómicos; Prevalencia.
Abstract:
Introduction: adequate iodine levels are essential for thyroid hormone production, physical growth, and neurodevelopment in children under eleven years. However, iodine exhibits a dual nutritional burden, as both deficiency and excess can have deleterious health effects. Objective: to estimate the prevalence of iodine deficiency and iodine excess in urinary samples from Colombian children under eleven years and identify associated factors. Methods: this analytical cross-sectional study utilized secondary data from the 2015 Colombian National Survey of Nutritional Status de Colombia. Urinary iodine levels were analyzed alongside sociodemographic and economic characteristics. Associations were evaluated using multivariable multinomial logistic regression models. Results: the mean age of participants was 6,19 years (SD 3.14), and 48,2 % were female. Iodine deficiency was observed in 5,8 % of children, while 70,1 % exhibited excess iodine. Risk factors for deficiency included being aged 0–5 years (OR: 1,29; IC 95 %: 1,03–1,61) and having an Indigenous parent (OR: 1,92; IC 95 %: 1,28–2,90). Excess iodine was associated with being male (OR: 1,16: IC 95 %: 1,04–1,30) and having a female household head (OR: 1,12; 95 % CI: 1,01–1,26). Conclusion: iodine deficiency is uncommon among Colombian children, whereas iodine excess is highly prevalent. Regulatory interventions are urgently needed to mitigate the health risks associated with iodine imbalances in this population.
Keywords: Iodine Deficiency. Iodine Excess. Urinary Iodine. Child Nutrition. Socioeconomic Factors. Prevalence.
Introducción
El yodo es un oligoelemento esencial en la nutrición humana1, 2 y sus concentraciones adecuadas regulan la producción normal de las hormonas tiroideas, las cuales son necesarias para el desarrollo físico y neurológico de los niños menores de once años1. A diferencia de otros micronutrientes, los niveles de yodo exhiben una dualidad en su carga nutricional, dado que tanto el déficit como el exceso conllevan efectos deletéreos1, 2. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha recomendado que el valor ideal debe estar cercano a los 150 ug/L3. Personas con valores <100 ug/L tienen déficit de yodo (DY), y aquellas con con valores >300 ug/L presentan exceso de yodo (EY)3, 4. Sin embargo, otros autores han reportado valores diferentes, en los que se ha descrito que en niños de edad escolar el rango óptimo es 100-199 ug/L5.
El DY se considera un importante problema de salud pública en todo el mundo, pero con mayor relevancia en grupos poblacionales vulnerables, como es el caso de los niños y las mujeres lactantes6. Diferentes estudios han reportado que en niños y adolescentes la prevalencia de DY oscila entre 6,4 % y 75 %7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16. En el año 2015, la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional reportó que aproximadamente el 5,2 % de la población colombiana en general tenía DY17. Sin embargo, el DY ha disminuido drásticamente en los últimos 70 años; en Colombia, en 1948 se reportó una prevalencia del 53 % de bocio endémico en población escolar, pero posterior al proyecto global de yodación de la sal iniciado en 1950, para el año 1965 otro estudio reportó que la prevalencia de bocio en población escolar era inferior al 2 %. Finalmente, para el año de 1988, Colombia fue declarado un país libre de deficiencia de yodo5, 18.
Por otro lado, con respecto al EY, pocos son los estudios que han evaluado la magnitud de este fenómeno. En Colombia, para el año 2015 se reportó que aproximadamente el 71,0 % de la población tenía EY17. De manera similar, estudios alrededor de mundo muestran que la prevalencia de EY varía entre 9,9 % y 77 %13, 15, 19, 20, 21, 22.
Entre las alteraciones por el DY se han descrito el bocio simple, el hipotiroidismo, y la disminución del coeficiente intelectual5, 6, 23, incluso, se ha categorizado el DY como la primera causa nutricional de retraso mental evitable24, 25. Por otro lado, el EY se ha relacionado con el desarrollo de hipertiroidismo, tiroiditis y en algunos casos bocio secundario al agrandamiento de la glándula tiroides4, 5, 26.
Los niños menores de once años constituyen el grupo poblacional más vulnerable a las afectaciones por déficit de yodo (DY), debido a su impacto crucial en el desarrollo1, 2 e, inclusive, recientemente han mostrado que también son los que están teniendo afecciones por EY27. En Suramérica, pocos han sido los estudios que han evaluado los factores asociados al DY y EY en niños de 0 a 11 años. Por lo anterior, este trabajo de investigación pretende cuantificar la prevalencia y estimar los factores asociados a los niveles urinarios de yodo deficiente y excesivo en niños colombianos menores de once años.
Materiales y métodos
Estudio transversal con alcance analítico que se desarrolló como análisis secundario a la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional de 2015 (ENSIN-2015)17, estudio primario que se llevó a cabo en Colombia, entre 2015 y 2016.
La encuesta ENSIN-2015 abarcó a individuos de la población civil no institucionalizada con residencia permanente en hogares distribuidos en todo el territorio nacional. El diseño de muestra utilizado en la encuesta fue polietápico, probabilístico y estratificado por conglomerados. Los niveles de yodo se midieron en 22 237 niños entre los 0 y 11 años17.
Procedimientos
Estimación de los niveles de yodo en orina: se recolectaron aproximadamente entre 30 y 40 mL de muestra de orina espontánea en cualquier momento del día, depositada en un recipiente de boca ancha, y se le adicionaron 3 mL de ácido clorhídrico. Posterior a su mezcla, se agregaron 2 mL en dos viales transparentes y se refrigeraron hasta que se entregaron en el laboratorio del Instituto Nacional de Salud para la determinación de niveles de yodo en orina. La concentración de yodo se midió en el equipo Genesys 30 mediante espectrofotometría UV Vis, mediante la reacción de Sandell-Kolthoff. Para estimar los puntos de corte se determinaron cuatro grupos: I) deficiencia: < 100 µg/L, II) niveles adecuados: 100-199 µg/L, III) riesgo de ingesta excesiva: 200-299 µg/L, y IV) exceso: > 300 µg/L28
Características sociodemográficas: se recolectaron los siguientes datos: I) sexo (masculino y femenino); II) grupo etario (0-5 años y 6-11 años); III) nivel de urbanización (las cuatro principales ciudades de Colombia: Bogotá D.C., Medellín, Cali y Barranquilla, debido a su población superior a un millón de habitantes; cabeceras municipales de > 100 000 habitantes, cabeceras municipales con < 100 000 habitantes, y zona rural); IV) región geográfica: (Atlántica, Oriental, Central, Pacífica, Bogotá, Orinoquia y Amazonía); V) el nivel socioeconómico de los hogares se estimó mediante el índice de riqueza propuesto por Filmer y Pritchett, categorizado en cuartiles, de esta manera los cuartiles inferiores representan a los sectores más vulnerables de la población; VI) sexo del jefe de hogar (masculino y femenino); VII) etnia del jefe del hogar: (indígena, negro (a)/mulato (a)/afrodescendiente y sin pertenencia étnica); VIII) nivel de escolaridad del jefe de hogar (menos de primaria completa: 0-4 años; primaria completa y secundaria incompleta: 5-10 años; entre secundaria completa y superior incompleta: 11-15 años y superior completa: 16-24 años); y IX) la inseguridad alimentaria fue evaluada por medio de la Escala Latinoamericana y Caribeña de Seguridad Alimentaria (ELCSA)29 (hogar seguro, inseguridad leve, inseguridad moderada e inseguridad grave).
Inicialmente se llevó a cabo un análisis exploratorio de la base de datos. Se realizó una descripción de la distribución por medio de frecuencias absolutas y porcentuales de los niveles de yodo (deficiencia, niveles adecuados, riesgo de ingesta excesiva, y exceso), para cada una de las variables de interés. Para estimar la asociación entre las variables y los niveles de yodo, por la naturaleza ordinal de la variable desenlace se llevó a cabo inicialmente un modelo de regresión logística multinomial, para el que se tomaron 3 grupos: I) deficiencia: <100 µg/L, II) normal 100-299 µg/L, y III) exceso: >300 µg/L; el grupo base comparador fueron los clasificados en normal. Se construyeron tres modelos, uno bivariado y dos ajustados por potenciales confusoras. Todos los procesos estadísticos se ajustaron por el factor de expansión. Todos los análisis fueron realizados en Stata versión 16.
Consideraciones éticas
Para el desarrollo de este reporte, inicialmente se obtuvo autorización para el uso de la base de datos con fines de generación de conocimiento y desarrollo de procesos investigativos con el Ministerio de Protección Social y Salud de Colombia, a través del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. Este estudio fue aprobado por el Comité de Ética de Profamilia (Acta 2: febrero 26 de 2015). Para la recolección de datos, todos los participantes de la ENSIN 2015 aceptaron ser parte de esta investigación de manera voluntaria, lo cual quedó estipulado en el consentimiento informado, brindando a cada participante la completa explicación de la naturaleza y riesgos.
Resultados
La muestra estuvo compuesta por 22 237 individuos con edades comprendidas entre 0 y 11 años, con edad promedio de 6,19 años (IC 95 %: 6,14-6,26) (DE= 3,14), y un 48,2 % eran niñas (IC 95 %: 47,1-49,2 %).
Al estimar las prevalencias se encontró que el 5,8 % (IC 95 %: 5,2-6,3 %) de la muestra presentaba DY, mientras que el 70,9 % (IC 95 %: 69,7-72,1 %) EY. Las mayores prevalencias de DY se encontraron en los niños que se reportaron como hijos de indígenas, aquellos que residían en la zona rural, y en los menores de 5 años (13,6 %, 8,1 % y 7,6 %, respectivamente). Por otro lado, los grupos con mayores prevalencias de EY fueron los residentes de la región Atlántica, los hijos de padres con estudios superiores completos o más (16-24 años de estudio), y los que pertenecen al cuartil 4 de riqueza (75,7 %, 75,0 %, y 74,2 % respectivamente). Los demás datos de las prevalencias del DY y EY se presentan en la Tabla 1.
En los modelos de regresión, una vez realizado el ajuste, se encontró que tener entre 0-5 años (OR: 1,29; IC 95 %: 1,03-1,61) y ser hijo de indígena (OR: 1,92; IC 95 %: 1,28-2,90) se asociaban con la presencia de DY. Por otro lado, ser hombre (OR: 1,16 IC 95 % 1,04-1,30) y que el jefe de hogar sea mujer (OR: 1,12; IC 95 %: 1,01-1,26) mostraron una asociación con el EY. Las demás asociaciones se muestran en la Tabla 2.
Fuente: elaborada por autores, análisis a partir de la ENSIN-201
Tabla 2. Factores asociados a la deficiencia y exceso de yodo en orina de niños menores de 11 años de Colombia, año 2015.
|
|
Modelo 1: Bivariado |
Modelo 2: Ajustado |
Modelo 3: Ajustado |
|||
|
Déficit |
Exceso |
Déficit |
Exceso |
Déficit |
Exceso |
|
|
Sexo |
OR (IC 95 %) |
OR (IC 95 %) |
OR (IC 95 %) |
OR (IC 95 %) |
OR (IC 95 %) |
OR (IC 95 %) |
|
Hombres (Aqui no deja poner centrado) |
1,08 (0,89-1,32) |
1,16 (1,04-1,30) |
1,09 (0,90-1,33) |
1,16 (1,04-1,29) |
1,09 (0,90-1,33) |
1,16 (1,04-1,30) |
|
Mujeres |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
|
Edad |
|
|||||
|
Entre 0 a 5 años |
1,29 (1,04-1,61) |
0,66 (0,59-0,74) |
1,30 (1,04-1,63) |
0,66 (0,59-0,74) |
1,29 (1,03-1,61) |
0,66 (0,59-0,74) |
|
Entre 6 a 11 años |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
|
Nivel de Urbanización |
|
|||||
|
Cuatro principales ciudades de Colombia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
|
Cabeceras municipales de >100.000 habitantes |
1,20 (0,87-1,65) |
0,99 (0,84-1,16) |
1,17 (0,85-1,61) |
0,98 (0,84-1,15) |
0,96 (0,64-1,44) |
0,82 (0,68-1,00) |
|
Cabeceras municipales de 0 a 100.000 habitantes |
1,28 (0,94-1,73) |
1,07 (0,89-1,29) |
1,22 (0,90-1,66) |
1,08 (0,90-1,31) |
0,99 (0,66-1,48) |
0,87 (0,70-1,08) |
|
Rural |
1,55 (1,14-2,09) |
0,75 (0,63-0,89) |
1,32 (0,97-1,80) |
0,78 (0,65-0,92) |
1,09 (0,73-1,63) |
0,66 (0,54-0,81) |
|
|
||||||
|
Región Atlántico |
1,64 (1,07-2,51) |
1,42 (1,13-1,79) |
1,38 (0,91-2,09) |
1,53 (1,22-1,92) |
1,36 (0,81-2,29) |
1,85 (1,41-2,43) |
|
Región Oriental |
1,52 (1,01-2,33) |
0,97 (0,76-1,24) |
1,48 (0,97-2,25) |
0,98 (0,77-1,24) |
1,47 (0,84-2,55) |
1,25 (0,93-1,69) |
|
Región Orinoquia y Amazonia |
1,95 (1,21-3,14) |
1,00 (0,75-1,34) |
1,58 (0,96-2,57) |
1,10 (0,82-1,48) |
1,60 (0,87-2,95) |
1,34 (0,94-1,89) |
|
Bogotá |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
|
Región Central |
1,57 (1,04-2,36) |
1,19 (0,95-1,49) |
1,43 (0,95-2,16) |
1,24 (0,99-1,54) |
1,42 (0,83-2,42) |
1,50 (1,15-1,97) |
|
Región Pacífico |
1,59 (1,05 -2,41) |
0,86 (0,68-1,09) |
1,41 (0,92 -2,16) |
0,92 (0,72-1,16) |
1,38 (0,81-2,35) |
1,12 (0,85-1,48) |
|
Cuartil de riqueza |
|
|||||
|
1 |
1,47 (1,06-2,03) |
0,78 (0,66–0,92) |
1,24 (0,89-1,73) |
0,80 (0,68-0,94) |
1,13 (0,79-1,63) |
0,79 (0,67-0,94) |
|
2 |
1,03 (0,73-1,46) |
0,89 (0,75–1,04) |
1,00 (0,70-1,41) |
0,89 (0,75-1,05) |
0,97 (0,69-1,39) |
0,86 (0,73-1,01) |
|
3 |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
|
4 |
1,16 (0,67-2,02) |
1,01 (0,81–1,27) |
1,11 (0,65-1,91) |
0,98 (0,78-1,23) |
1,12 (0,65-1,93) |
1,01 (0,80-1,27) |
|
Sexo del jefe del hogar |
|
|||||
|
Hombres |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
|
Mujeres |
1,03 (0,84-1,26) |
1,13 (1,01-1,27) |
1,03 (0,80-1,26) |
1,14 (1,02-1,27) |
1,06 (0,87-1,30) |
1,12 (1,01-1,26) |
|
Etnia del jefe del hogar |
|
|||||
|
Afrodescendiente |
1,09 (0,80-1,45) |
0,90 (0,75-1,09) |
1,08 (0,81-1,45) |
0,91 (0,76-1,09) |
1,06 (0,77-1,46) |
0,95 (0,80-1,14) |
|
Indígena |
2,16 (1,40-3,22) |
0,69 (0,49-0,96) |
2,03 (1,35-3,05) |
0,67 (0,48-0,93) |
1,92 (1,28-2,90) |
0,70 (0,52-0,94) |
|
Sin pertenencia étnica |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
|
Nivel educativo del jefe del hogar |
|
|||||
|
Menos de primaria completa (0-4 años) |
1,01 (0,56-1,79) |
0,77 (0,58-1,01) |
0,97 (0,54-1,75) |
0,79 (0,59-1,04) |
0,90 (0,50-1,61) |
0,86 (0,65-1,14) |
|
Entre primaria completa y secundaria incompleta (5-10 años) |
0,85 (0,47-1,52) |
0,76 (0,58-0,99) |
0,87 (0,48-1,58) |
0,76 (0,57-1,00) |
0,84 (0,46-1,51) |
0,81 (0,61-1,06) |
|
Entre secundaria completa y superior incompleta (11-15 años) |
0,68 (0,38-1,23) |
0,81 (0,62-1,07) |
0,72 (0,39-1,31) |
0,80 (0,61-1,06) |
0,72 (0,40-1,31) |
0,83 (0,63-1,09) |
|
Superior completa y más (16-24 años) |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
|
Seguridad alimentaria |
|
|||||
|
Seguro |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
Referencia |
|
Leve |
1,00 (0,78-1,28) |
0,99 (0,87-1,13) |
0,96 (0,76-1,22) |
1,02 (0,90-1,16) |
0,96 (0,76-1,22) |
1,01 (0,88-1,14) |
|
Moderada |
1,04 (0,77-1,42) |
1,12 (0,97-1,30) |
0,95 (0,71-1,27) |
1,17 (1,01-1,35) |
0,94 (0,70-1,25) |
1,10 (0,95-1,28) |
|
Severa |
1,41 (1,03-1,93) |
1,02 (0,87-1,19) |
1,16 (0,85-1,57) |
1,12 (0,95-1,32) |
1,16 (0,85-1,58) |
1,01 (0,85-1,20) |
|
*OR: Odds Ratio. *IC 95 %: Intervalo de confianza del 95 %.
Nota: los valores significativos se muestran en negrilla. |
||||||
Fuente: elaborada por autores, análisis a partir de la ENSIN-2015.
Discusión
Este estudio encontró una prevalencia para DY del 5,8 % (IC 95 %: 5,2-6,3 %) y una prevalencia para EY del 70,9 % (IC 95 %: 69,7-72,1 %) en población colombiana de niños menores de once años. Con respecto al DY, en el mundo se reportan cifras de prevalencias que oscilan entre 6,4 % y 75,0 %7, 8, 9, 10, 11, 12, 12, 14, 15, 16, 21, siendo Qatar el país que presenta la menor13 prevalencia y El Líbano el de mayor prevalencia11.
Ahora, respecto a EY, un hallazgo de interés fue que aproximadamente 7 de cada 10 niños colombianos tenían EY, mientras que a nivel mundial la prevalencia del EY oscila entre 5,4 % y 74,8 %8, 13 ,15, 19, 20, 21, 22, siendo Etiopía10 el país que presenta la menor prevalencia y Tanzania13 el de mayor. Detalles comparativos de los estudios internacionales que evalúan las prevalencias de DY y EY en niños se muestran en la Tabla 3.
Tabla 3. Prevalencias de déficit y exceso de niveles de yodo en orina en niños de diferentes países, reportadas desde el año 2016.
|
Autor |
País |
Año de publicación |
Tamaño de la muestra |
Rango etario |
Déficit <100 ug/L |
Exceso >300 ug/L |
|
Actual |
Colombia |
|
22 237 |
0-11 años |
5,8 % |
70,9 % |
|
Yang et al22 |
China |
2025 |
3 253 |
3-13 años |
|
F= 57,4 % M= 66,0 % |
|
Onumaku et al19 |
Nigeria |
2024 |
545 |
2-14 años |
|
39,5 % |
|
Kirguistán |
2021 |
1 058 |
7-15 años |
15,8 % |
|
|
|
Nepal |
2020 |
266 |
NC |
|
F= 70,1 % M= 77,0 % |
|
|
Gyamfi et al21 |
Ghana |
2020 |
852 |
6-12 años |
F= 12,8 % M= 19,5 % |
F= 27,6 % M= 34,4 % |
|
Tamang et al8 |
Nepal |
2019 |
1 042 |
NC |
9,8 % |
34,4 % |
|
Muktar et al9 |
Etiopía |
2018 |
200 |
6-12 años |
31,0 % |
|
|
Hassen et al10 |
Etiopía |
2018 |
767 |
6-12 años |
58,8 % |
|
|
Ghatas et al11 |
Líbano |
2017 |
1 403 |
6-10 años |
75,0 % |
|
|
Ovadia et al12 |
Israel |
2017 |
1 023 |
NC |
62,0 % |
|
|
Zimmerman et al13 |
Kuwait |
2016 |
1 841 |
4-13 años |
33,5 % |
9,9 % |
|
Zimmerman et al13 |
Omán |
2016 |
1 813 |
4-13 años |
17,9 % |
22,1 % |
|
Zimmerman et al13 |
China |
2016 |
385 |
4-13 años |
19,0 % |
26,2 % |
|
Zimmerman et al13 |
Tailandia |
2016 |
1 107 |
4-13 años |
10,2 % |
37,9 % |
|
Zimmerman et al13 |
Qatar |
2016 |
971 |
4-13 años |
6,4 % |
59,7 % |
|
Khatiwada et al14 |
Nepal |
2016 |
759 |
6-13 años |
12,6 % |
|
|
Laillou et al15 |
Camboya |
2016 |
950 |
0-6 años |
63,7 % |
4,6 % |
|
Hailu et al16 |
Etiopía |
2016 |
422 |
6-12 años |
56,9 % |
|
*F: solamente en sexo femenino. *M: solamente en sexo masculino. *NC: no es claro.
Fuente: autores.
Dentro de las características estudiadas, se encontró que el sexo no mostraba relación con el DY (OR: 1,09; IC 95 %: 0,90-1,33), este resultado concuerda con lo reportado en una muestra de escolarizados peruanos de 6 años, donde a pesar de que en las mujeres tiene una prevalencia de 2,5 % mayor, esta no fue significativa30. Otro estudio realizado en Nepal en niños y adolescentes de 6 a 13 años mostró que el sexo del niño no es una característica que se encuentre asociada al DY14. Por otro lado, dos estudios desarrollados en África9, 16 reportan que las mujeres tienen entre un 120 %16 y 212 %9 más posibilidad de tener DY en comparación con los hombres. En Israel también se reportó algo similar, se encontró que las mujeres tenían mayor prevalencia de DY (67 % vs. 55 %)12. Finalmente, Hassen et al.10 reportó que en niños de Etiopía los hombres tenían una media de yodo mayor que el de las mujeres.
La edad mostró una robusta relación con el DY, se encontró que los niños menores de 5 años tenían un 29 % mayor probabilidad de presentarlo, este resultado contrasta con lo reportado en niños de Camboya donde se describió que a medida que aumenta la edad la prevalencia de DY aumenta de manera proporcional15, pocos fueron los estudios que analizaron el efecto de la edad en el DY.
Uno de los hallazgos de interés fue que el nivel académico del jefe del hogar no tiene relación con el DY, esto va en la misma línea de lo reportado por Hailu et al.16, quien encontró que el nivel analfabetismo tanto en la madre como en el padre no tenían asociación con DY. Asimismo, Muktar et al.9 reportó que tanto para la madre o el padre, el hecho de tener educación formal no era una característica que mostrara relación con el déficit de DY.
Algunas regiones geográficas mostraron relación con el DY en los modelos bivariados, sin embargo,posterior al ajuste de los modelos multivariados, dicha asociación fue nula. Esto es similar a lo reportado en un estudio desarrollado en Nepal, donde se compararon dos zonas geográficas y se reportó que no existían diferencias entre ellas dos14. Por otro lado, en Etiopía se describió que la prevalencia de DY varió entre tres distritos estudiados10, hallazgo que toma relevancia ya que podría indicar una variabilidad más allá de los programas nacionales de yodación de la sal5.
Con respecto al nivel socioeconómico de los hogares se encontró que no hay relación con el DY, resultado que concuerda con dos estudios en niños de Etiopía, pues los autores reportaron que la prevalencia del DY no mostraba variaciones entre los niveles socioeconómicos9, 10. Sin embargo, en Camboya, los sujetos de los niveles económicos más bajos presentaban una prevalencia de aproximadamente 75 %, mientras que los de los niveles socioeconómicos altos tienen una de 48,2 %15. Con respecto al nivel de urbanización, posterior al ajuste se encontró que no se tenía relación con el DY, este resultado difiere de los descritos por Laillou et al 15, en niños de Cambodia, la prevalencia de DY era 23 % mayor en la zona rural (68,6 % vs. 45,3 %).
Sin embargo, cabe resaltar que pocos han sido los trabajos que han analizado el EY en niños 8, 13 ,15, 20, 21, 31, 32, 33, 34; de acuerdo con nuestros resultados, 7 de cada 10 niños colombianos tienen EY, cifra similar a lo reportado en Paraguay, país que pasó de moderada deficiencia a exceso en escolares31; otro hallazgo de interés fue que los hombres tienen mayor posibilidad de presentar EY (OR: 1,16; IC95 %: 1,04 - 1,30), lo que concuerda con dos estudios desarrollados en África20, 21; por ejemplo, en Tanzania se reportó que los hombres presentaban mayores prevalencias de EY (77,0 % vs. 70.1 %)20, y en niños de Ghana21, aunque la magnitud es menor, se encontró que los hombres presentaban mayor prevalencia de EY (34,4 % vs. 27,6 %). Los niveles elevados de yodo en los niños menores de 11 años en Colombia pueden estar relacionados con un exceso de ingesta32, 33, 34 posterior a la implementación de la yodación de la sal31, 35.
Fortalezas y limitaciones
Una de las principales fortalezas de este reporte radica en que constituye el primer estudio en estimar la prevalencia del EY y DY en una muestra representativa de niños colombianos entre 0 y 11 años. Asimismo, se encuentra entre los primeros trabajos en América Latina que examinan la asociación entre estas alteraciones y diversas variables sociodemográficas. No obstante, este estudio presenta limitaciones, entre ellas el diseño transversal, que impide establecer relaciones causales. Pese a ello, los hallazgos aquí presentados pueden contribuir a orientar el diseño de estrategias colectivas de intervención en salud pública. Finalmente, otra de las limitaciones para el desarrollo de la discusión es la poca cantidad de artículos que evalúan el EY, muchos de ellos se limitan a estudiar la prevalencia, lo cual no permitió realizar una comparación con diferentes variables de interés.
Conclusiones
Colombia presenta una doble carga de alteración de los niveles de yodo en la población de 0 a 11 años. Aproximadamente, 3 de cada 4 niños colombianos, tienen alteración de los niveles de yodo urinario (EY: 70,9 %; y, DY: 5,8 %). Varios son los factores asociados a esta dualidad, se encontró que ser hombre (OR: 1,16; IC 95 %: 1,04 - 1,30) y que el jefe de hogar fuera mujer (OR: 1,12; IC 95 %: 1,01 - 1,26) se asociaron con el EY. En contraste, que tener entre 0 y 5 años (OR: 1,29; IC 95 %: 1,03 - 1,61) y ser hijo de padres indígenas (OR: 1,92; IC 95 %: 1,28 - 2,90) estaban asociados con la presencia de DY. Se recomienda nuevos estudios en población infantil que permita ampliar el espectro del conocimiento que se tiene sobre el fenómeno estudiado y el desarrollo de una normativa relacionada con las fuentes ricas en yodo que busquen prevenir el exceso de ingesta.
Conflicto de interés
Los autores informan que no existen conflictos de intereses, económicos o de otra índole. Los autores son los únicos responsables del contenido y de la redacción de este artículo.
Financiación
El estudio original en el que se basa este análisis fue desarrollado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y Profamilia, en particular por la Subdirección de Monitoreo y Evaluación del ICBF, que facilitó la base de datos para fines investigativos o educativos. Ninguna de estas entidades participó en el análisis ni en la interpretación de los datos, ni en la preparación, revisión o aprobación del manuscrito actual.
Referencias bibliográficas
1. Pearce EN. Iodine deficiency in children. Endocr Dev. 2014;26:130-138.
2. Niwattisaiwong S, Burman KD, Li-Ng M. Iodine deficiency: Clinical implications. Cleve Clin J Med. 2017;84(3):236-244.
3. Organización Mundial de la Salud. Assessment of iodine deficiency disorders and monitoring their elimination: a guide for programme managers. World Health Organization; 2007.
4. Leung AM, Braverman LE. Consequences of excess iodine. Nat Rev Endocrinol. 2014;10(3):136-142.
5. Vargas-Uricoechea H, Pinzón-Fernández MV, Bastidas-Sánchez BE, Jojoa-Tobar E, Ramírez-Bejarano LE, Murillo-Palacios J. Iodine status in the Colombian population and the impact of universal salt iodization: a double-edged sword?. J Nutr Metab. 2019.
6. Lazarus JH. The importance of iodine in public health. Environ Geochem Health. 2015;37(4):605-618.
7. Urmatova B, Shin H, Shon S, Abdyldayeva Z, Ishaeva E, Knyazeva V. Prevalence of iodine deficiency among school children from new settlement in kyrgyzstan. Children. 2021;8(9): 817.
8. Tamang MK, Gelal B, Tamang B, Lamsal M, Brodie D, Baral N. Excess urinary iodine concentration and thyroid dysfunction among school age children of eastern Nepal: a matter of concern. BMC Res Notes. 2019;12(1):10-13.
9. Muktar M, Teji Roba K, Mengistie B, Gebremichael B. Iodine deficiency and its associated factors among primary school children in Anchar district, Eastern Ethiopia. Pediatr Health Med Ther. 2018; 9:89–95. 10. Hassen HY, Beyene M, Ali JH. Dietary pattern and its association with iodine deficiency among school children in southwest Ethiopia; A cross-sectional study. PLoS One. 2019;14(8):1–16.
11. Ghattas H, Francis S, El Mallah C, Shatila D, Merhi K, Hlais S, et al. Lebanese children are iodine deficient and urinary sodium and fluoride excretion are weak positive predictors of urinary iodine. Eur J Nutr. 2017;56(2):749–755.
12. Ovadia YS, Arbelle JE, Gefel D, Brik H, Wolf T, Nadler V, et al. First Israeli national iodine survey demonstrates iodine deficiency among school-aged children and pregnant women. Thyroid. 2017;27(8):1083–1091.
13. Zimmermann MB, Hussein I, Al Ghannami S, El Badawi S, Al Hamad NM, Abbas Hajj B, et al.. Estimation of the prevalence of inadequate and excessive iodine intakes in school-age children from the adjusted distribution of urinary iodine concentrations from population surveys. J Nutr. 2016;146(6):1204–1211.
14. Khatiwada S, Lamsal M, Gelal B, Gautam S, Nepal AK, Brodie D, et al. Anemia, iron deficiency and iodine deficiency among Nepalese school children. Indian J Pediatr. 2016;83(7):617–621.
15. Laillou A, Sophonneary P, Kuong K, Hong R, Un S, Chamnan C, et al. Low urinary iodine concentration among mothers and children in Cambodia. Nutrients. 2016;8(4):172.
16. Hailu S, Wubshet M, Woldie H, Tariku A. Iodine deficiency and associated factors among school children: A cross-sectional study in Ethiopia. Arch Public Heal. 2016;74(1):1–7.
17. Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Instituto Nacional de Salud. Encuesta Nacional de la Situación Nutricional en Colombia (ENSIN) 2015. Bogotá: Instituto Colombiano de Bienestar Familiar; 2017.
18. Vargas-Uricoechea H, Pinzón-Fernández MV, Bastidas-Sánchez BE. Historia del bocio endémico, desde Sheng-Nung hasta los programas de yodación universal de la sal en Latinoamérica. CES Med. 2018;32(2):167–177.
19. Onumaku IJ, Yarhere IE, Agi C, Nte AR. Iodine nutritional status and goitre prevalence in children aged 2-14 years in selected upland and riverine communities in rivers state, Nigeria. West Afr J Med. 2024;41(11 Suppl 1):S27.
20. Venance MS, Martin HD, Kimiywe J. Iodine status and discretionary choices consumption among primary school children, Kinondoni Tanzania. Pediatr Heal Med Ther. 2020;11:359–368.
21. Gyamfi D, Wiafe YA, Ofori Awuah E, Adu EA, Boadi EK. Goitre prevalence and urinary iodine concentration in school-aged children in the Ashanti region of Ghana. Int J Endocrinol. 2020;2020: 3759786
22. Yang R, Lv D, Liang N, Wang X, Li F, Liu Y, et al. Iodine nutrition status of children aged 3–13 years in areas with high groundwater iodine content in China. J Nutr. 2025;155(1):102–110.
23. Chandy CJ, Maureen MB, Charles AN. Neurodevelopment: the impact of nutrition and inflammation during early to middle childhood in low-resource settings. Pediatrics. 2017;139(Supplement_1):S59–S71.
24. Galbe SV. Prevención del retraso psicomotor causado por déficit de yodo en la infancia.Rev Pediatr Aten Primaria. 2007;9(33):51–70.
25. Monaghan AM, Mulhern MS, McSorley EM, Strain JJ, Dyer M, van Wijngaarden E, et al. Associations between maternal urinary iodine assessment, dietary iodine intakes and neurodevelopmental outcomes in the child: a systematic review. Thyroid Res. 2021;14(1):14.
26. Farebrother J, Zimmermann MB, Andersson M. Excess iodine intake: sources, assessment, and effects on thyroid function. Ann N Y Acad Sci. 2019;1446(1):44–65.
27. Miranda M, Chávez H, Aramburú A, Tarqui C. Estado nutricional de yodo en alumnos de escuelas públicas del nivel primario en el Perú, 2009. Lima: Instituto Nacional de Salud; 2011.
28. OMS. Concentraciones de yodo en orina para establecer el estado nutricional de yodo en poblaciones. Sistema de Información Nutricional sobre Vitaminas y Minerales. Ginebra: Organización Mundial de la Salud; 2014.
29. Comité Científico de la ELCSA. Escala Latinoamericana y Caribeña de Seguridad Alimentaria (ELCSA): Manual de Uso y Aplicaciones. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura; 2012.
30. Ajepe AA, Okunade KS, Sekumade AI, Daramola ES, Beke MO, Ijasan O, et al. Prevalence and foetomaternal effects of iron deficiency anaemia among pregnant women in Lagos, Nigeria. PLoS One. 2020;15(1):e0227965.
31. Jara JA, Pretell EA, Ovelar E, Sánchez S, Mendoza L, Jara MA, et al. Diabetes gestacional, hipotiroidismo y concentración urinaria de yodo en embarazadas. Yodurias en escolares en Paraguay. Exceso de yodo en la sal y riesgo de hiper e hipotiroidismo. Rev. Chil. nutr. 2016;43(1):54–61.
32. Muzzo S, Ramírez I, Carvajal F, Biolley E, Leiva L. Nutrición de yodo en escolares de cuatro zonas de Chile en el año 2001. Rev. Méd. Chile. 2003;131(12):1391–1398.
33. Muzzo S, Leiva L, Ramírez I, Carvajal F, Biolley E. Nutrición de yodo en escolares de una zona con alta ingesta de yodo (Calama) comparada con zona de ingesta normal (Punta Arenas). Rev. chil. nutr. 2005;32(1):28–35.
34. Morreale de Escobar G, Escobar del Rey F. El yodo durante la gestación, lactancia y primera infancia. Cantidades mínimas y máximas: de microgramos a gramos. An Esp Pediatr. 2000;53(1):1–5.
35. Escobar ID. Estado actual del yodo en Colombia y comentarios sobre qué se está haciendo para mejorar la situación del exceso de yodo en el país. Rev. Colomb. Endocrinol. Diabet.Metab. 2020;7(2):66–68.