Editorial


CELEBRACIÓN 45 AÑOS DE LA FACULTAD DE SALUD - UIS

Muy seguramente en la memoria de muchos de los lectores exista aún la colosal imagen que sobresalía, por allá a mediados de la década de los años sesenta del siglo XX, de entre las pequeñas construcciones residenciales del barrio La Aurora, como una mole arquitectónica gris y sombría, en obra negra, cuya construcción había sido iniciada en tiempos del gobierno del General Rojas Pinilla, y continuaba, poco más de una década más tarde, deshabitada y sin duda, abandonada.

Se trataba de un edificio gigantesco que ocupaba casi una manzana de área la cual fue facilitada por el desprendimiento incondicional de su propietario Don Pedro Maria Buitrago, asimismo contaba con alrededores de acceso y se elevaba más de diez pisos, haciéndose visible por sus colosales dimensiones, desde todos los rincones de la ciudad. Sus corredores lóbregos apenas albergaban el eco de los habitantes del silencio y de la noche, y lejos estaba de acoger a sus verdaderos destinatarios: los pacientes que buscarían el paliativo o la curación para sus males. No obstante, ya se reconocía como el Hospital Ramón González Valencia, llamado así seguramente en memoria del militar y político General José Rafael Ramón Eufrasio De Jesús González Valencia.

Al margen de la enigmática explicación del bautizo de dicha infraestructura con el nombre antes mencionado para una obra destinada a sanar los padecimientos humanos, lo cierto es que, hacía tiempo, la ciudad de Bucaramanga reclamaba la existencia de un local moderno, debidamente dotado, que ofreciera servicios asistenciales de salud, habida cuenta de la precariedad y obsolescencia tecnológica del vetusto Hospital San Juan de Dios que, regentado con encomiables pulcritud, esmero y devoción, por religiosas, operaba digna pero precariamente.

Al mismo tiempo y quizá agobiados por la realidad que representaba la inexistencia de un centro hospitalario a la altura del desarrollo que por aquel entonces exhibía la capital santandereana, y ante la tardanza de las decisiones gubernamentales para habilitar y entregar al servicio el anhelado nuevo hospital, un núcleo brillante de destacados facultativos entre los que se destacaron Rafael Azuero, Roso Alfredo Cala, quienes propusieron la creación, en la Universidad Industrial de Santander, de un programa académico de formación en Medicina, que entregara a la comunidad del nordeste colombiano los profesionales de la ciencia médica que la región requería cada vez con mayor urgencia y en mayor cantidad, y con sólida formación académica.

Funcionaba en Bucaramanga, por aquel entonces, una institución que ofrecía capacitación a jóvenes estudiantes, graduadas de los colegios de la ciudad y de la región, e incluso de latitudes apartadas de la geografía colombiana, en especialidades asociadas con las ciencias de la salud, como Fisioterapia, Dietética y Nutrición y Bacteriología y Laboratorio Clínico, entre otras.

El primer paso destinado a consolidar el proyecto de educación superior en ciencias médicas y de la salud se dio al fusionar la mencionada y benemérita institución de educación superior femenina con la Universidad Industrial de Santander, mediando la década de los años sesenta. Lo siguiente sería, como consecuencia lógica, tomar la decisión de crear el programa académico que formara médicos y cirujanos, en torno a un único proyecto integral. Ardua fue la faena, pero las buenas razones y la firme convicción de los Fundadores y el Rector de la época Doctor Francisco Villareal, cuyos nombres honramos en este escrito destinado a perpetuar su noble memoria, vencieron, no sin dificultad, el escepticismo y la inexplicable incomprensión de quienes estimaban el proyecto como un sueño utópico cuando no, como una insólita temeridad.

Pero triunfaron las buenas razones y la fortaleza de carácter de esos admirables ciudadanos; el reto fue acogido, no sin polémicas y dilatadas discusiones, por la alta dirección de la Universidad, con el apoyo de la dirigencia política regional y el respaldo de los buenos ciudadanos.

Uno de los retos principales sería, obviamente, además de consolidar la oferta académica, asumir el control del nuevo centro asistencial, emprender el diseño de los servicios que allí se ofrecerían y proveer para ello la adecuada dotación. La verdad sea dicha: aunque el reto parecía superar las posibilidades y la buena voluntad, prevalecieron la convicción y el espíritu altruista de esos visionarios, quienes posteriormente fueron seguidos y apoyados por la destacada ilustración universal, elocuencia, firmeza de carácter y una excepcional capacidad para el liderazgo, de nuestro apreciado maestro el doctor Roberto Serpa Flórez quien dio vida dos años después a la Revista de la Universidad Industrial de Santander - Salud UIS. De ese formidable grupo de inspirados gestores ya han partido a la dimensión inmortal la mayoría, pero quedó tras de su partida un surco florecido de hermosas realidades que honran su estirpe y constituyen invaluable legado para la sociedad.

Al cumplirse 45 años de la iniciación de tan admirable gesta, resulta más que oportuno celebrar el acontecimiento con todo rigor y entusiasmo, si bien, con el talante y el ceremonial sobrios y mesurados, propios de nuestra institucionalidad. Esa sobriedad nos permite hacer aún más admirable e inspiradora esa memoria y por lo tanto, ensanchar nuestra generosidad y afecto para aplaudirles y declarar públicamente cuánto debemos los académicos y en general, la comunidad santandereana a los desvelos y el buen ejemplo de los fundadores de este fundamental proyecto. Este ceremonial, como es presumible, hace parte de esa intención perpetua de destacar públicamente la obra de quienes, con incansable laboriosidad e insobornable decisión, sentaron los cimientos de la Facultad de Salud de la Universidad Industrial de Santander.

Hoy, después de casi medio siglo de existencia, la Facultad ha dado elocuentes muestras de haber superado los retos, en la medida en que, no solamente rescató del olvido y de la indolencia cómplice, una obra largamente esperada por los santandereanos: el Hospital Universitario Ramón González Valencia, sino que continúa siendo el modelo de referencia para muchas escuelas de su género, tanto instituciones nacionales como extranjeras. Al cabo de varias décadas de excelentes servicios y bajo la regencia del personal científico de la Universidad Industrial de Santander el hospital se consolidó como un instituto que atesora eminentes logros científicos y como uno de los mejores centros asistenciales de salud del país, en una región agobiada por la violencia en sus múltiples y más aberrantes manifestaciones, pero dueña de una incuestionable historia de méritos en el proceso de edificación de la Nación colombiana. Después de un poco más de ocho lustros, el benemérito hospital líder se convirtió en el Hospital Universitario de Santander, cuya labor asistencial y científica no ha cesado un solo minuto desde cuando la Universidad asumió la inconmensurable responsabilidad de mantenerlo vivo y pujante frente a todas las contingencias y limitaciones. Y es la Facultad de Salud de la Universidad Industrial de Santander, con el pleno respaldo de las autoridades universitarias y el idealismo de todas las generaciones de maestros y estudiantes que han recorrido afanosamente sus escenarios de sufrimiento y esperanza, combatiendo la muerte y aliviando el dolor, y los cientos de profesionales egresados de las aulas del alma mater, a quienes, en justicia debe otorgarse todo el mérito.

Quienes hemos sido testigos de excepción de esta gesta histórica, al tiempo que agradecemos la oportunidad que nos otorgaron la vida y la Providencia, podemos decir con orgullo y sincera emoción, que hemos cumplido con honor, y hacemos votos por muchos años más de grandes logros de nuestra Facultad de Salud.

ÁLVARO GÓMEZ TORRADO MD;MSc.
Rector (e)
Universidad Industrial de Santander