Núm. 6 (2011): Revista Cultural de Santander
Artes y Literatura

El poeta llorón, o la pendiente del Parnaso

Publicado 2018-10-22

Cómo citar

Mantilla-Orbegozo, D. (2018). El poeta llorón, o la pendiente del Parnaso. Revista Santander, 1(6), 208–221. Recuperado a partir de https://revistas.uis.edu.co/index.php/revistasantander/article/view/8853

Resumen

El editor Adriano Páez, quien firmó en la hacienda Vista Hermosa (La Unión) –el 1º de octubre de 1879– el Prólogo a su edición de los Artículos escogidos de Abel Karl (Bogotá, Imprenta de Echeverría Hermanos, 1879), escribió en la página V el siguiente párrafo: “DANIEL MANTILLA, el primer poeta lírico del Estado de Santander, en la República de Colombia, nació el año de 1836 en la ciudad de Bucaramanga, una de las más importantes de ese Estado. Fueron sus padres el señor Santiago Mantilla y la señora Concepción Orbegozo; y tuvo cuatro hermanos: Alipio, Pedro León, Pedro Elías y Pedro Vicente, todos notables por su clarísima inteligencia”. No se equivocaba en su apreciación sobre el primer poeta lírico que tuvo el Estado soberano de Santander, que sin duda fue Daniel Mantilla Orbegozo, pero sí en cuanto al lugar de nacimiento de quien firmó buena parte de sus escritos con el seudónimo de Abel Karl. Efectivamente, en el libro 7º (1836-1839) de los bautismos administrados en la parroquia de San Francisco Javier de Piedecuesta, al folio 2 (registro 8), puede leerse lo siguiente: “En la villa de Piedecuesta, a siete de septiembre de mil ochocientos treinta y seis, yo el cura bauticé solemnemente a Lorenzo Daniel Eugenio Justiniano, [hijo] legítimo de Santiago Mantilla y Concepción Orbergoso. Padrino Crisóstomo Ordóñez, a quien le advertí lo necesario (Firmado) Dr. Guevara”. Resuelto así el equívoco que don Adriano Páez indujo en los actuales analistas de las letras santandereanas, recordemos que el poeta piedecuestano contrajo matrimonio con doña Victoria Antomarchi, quien le precedió en el camino al sepulcro en plena juventud, pues fue seguida de cerca por su esposo el 4 de enero de 1868, cuando a los 31 años fue inhumado en el cementerio de Bogotá. Se ofrece enseguida a los lectores una nuestra de la prosa crítica de este escritor santandereano del siglo XIX.  

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